2014/05/20

Amante

Contaba con los atractivos físicos suficientes para pasar por una mujer bien hecha, sin tener la belleza de un supuesto querubín, ni el cuerpo de una hurí soñada en la yanna. A esas condiciones añadía su verbo fluido y preciso, de oratoria y entonación delicadas, oportunidad al hablar tras escuchar, esmero en los detalles y en los gestos, y saberse rodear de una aureola de generosidad y espíritu libre, que mostraba en lo que escribía. Cocoflor no se enamoraba nunca. Desde su narcisismo percibía que nadie reunía los mismos atributos que ella poseía. Incluso muerta sonreía coqueta a la vida.


© Samier 2014 05

3 comentarios:

Manuel Montesinos dijo...

El narcisismo al final la dejará sola.
Buen texto.
Abrazos

Manuel dijo...

Gracias por comentar, Manuel Montesinos. Así me parece a mi que se puede llegar a ser cuando el egoísmo nos ciega bajo una o varias de sus múltiples formas...

Manuel dijo...

Gracias por comentar, Manuel Montesinos. Así me parece a mi que se puede llegar a ser cuando el egoísmo nos ciega bajo una o varias de sus múltiples formas...